What to Prepare Before a First Consultation
La primera consulta suele durar entre cuarenta y sesenta minutos. En ese tiempo conviene tener claras algunas cosas para que la conversación sirva de verdad y no se quede en impresiones generales. No hace falta llegar con un dossier completo, pero sí con una idea aproximada de lo que se quiere conseguir y de lo que no se está dispuesto a ceder.
Lo más útil es llevar una lista de prioridades escritas, aunque sean tres puntos sueltos. Por ejemplo: ganar luz en la cocina, separar el dormitorio del baño o mantener la mesa de madera que heredaste. Esos apuntes permiten orientar el diagnóstico hacia lo que de verdad importa y evitan que la reunión derive hacia temas decorativos que no son el centro del encargo.
También conviene tener a mano la documentación básica de la vivienda: escritura, cédula catastral o el último recibo del impuesto inmobiliario. No es imprescindible para la primera charla, pero si ya sabes que quieres reformar, esos papeles ayudan a comprobar superficies, cargas y posibles limitaciones urbanísticas antes de hablar de presupuestos. Si no los encuentras, no pasa nada: se pueden pedir después.
Otra cuestión práctica es el presupuesto. No hace falta decir una cifra exacta, pero sí un rango orientativo y, sobre todo, el margen de flexibilidad. Una reforma integral de baño no se planifica igual que un cambio de distribución completa. Saber si el límite es cerrado o si existe cierto recorrido cambia las propuestas que se pueden estudiar desde el primer día.
Por último, anota las preguntas que te surjan aunque parezcan obvias. Sobre plazos, sobre ruidos, sobre dónde vivirás durante la obra o sobre quién gestiona los permisos municipales. Es mejor preguntar en la primera reunión que descubrirlo a mitad de obra. Si quieres ver cómo trabajamos antes de dar el paso, puedes escribirnos y agendar una visita al estudio.