Choosing a Service Format That Actually Fits

12 de marzo de 2025 Por Verónica Ruiz López

Cuando alguien llama al estudio por primera vez, casi siempre tiene una idea aproximada de lo que quiere: reformar la cocina, ganar un dormitorio o poner al día una fachada antigua. Lo que casi nadie tiene claro es bajo qué modalidad de trabajo prefiere encargarlo. Y esa decisión, tomada a la ligera, es la que luego genera roces con los plazos o con el presupuesto.

En Bastiere trabajamos con tres formatos básicos: proyecto completo con dirección de obra, proyecto de ejecución para que lo construya otra empresa, y asesoría puntual para quien ya tiene un arquitecto pero necesita una segunda opinión sobre distribución o materiales. Cada uno responde a una situación distinta, y conviene saber cuál es la tuya antes de pedir un presupuesto.

El formato más habitual es el proyecto completo. Incluye el levantamiento del estado actual, la propuesta de distribución, la planimetría de detalle, los renders fotorrealistas y la dirección de obra durante la ejecución. Es la opción que elegimos cuando el cliente quiere desentenderse de la coordinación entre gremios y necesita a alguien que responda por el resultado final. El coste es mayor, pero también lo es el control sobre plazos y acabados.

El segundo formato, solo proyecto de ejecución, encaja cuando el cliente ya tiene un constructor de confianza o una empresa que se hará cargo de la obra. Nosotros nos ocupamos de la parte técnica: planos, memoria, mediciones y pliegos. El cliente se ahorra el honorario de dirección, pero asume la responsabilidad de que la obra se ejecute fiel a lo proyectado. Funciona bien con gente que ha reformado antes y sabe moverse en obra.

La asesoría puntual es la más flexible y la que más ha crecido en los últimos años. Un cliente llega con los planos de otro profesional, o con una idea a medio desarrollar, y nos pide una sesión de dos o tres horas para revisar la propuesta, detectar problemas de circulación o proponer materiales alternativos. No firmamos ningún documento, pero el cliente se va con una lista concreta de ajustes y con criterios para negociar con su arquitecto.

Mi recomendación práctica: si es tu primera reforma y vives en la vivienda mientras se ejecuta, elige el proyecto completo. El coste extra de la dirección de obra se amortiza en evitar errores de ejecución que luego son carísimos de corregir. Si ya has reformado antes y conoces los oficios, el proyecto de ejecución te da libertad sin pagar por un seguimiento que no vas a usar. Y si lo que tienes es una duda concreta sobre una propuesta existente, la asesoría puntual es suficiente: no pagues por un proyecto entero cuando solo necesitas que alguien valide una decisión.

Lo que no recomiendo es empezar la casa por el tejado: pedir renders fotorrealistas antes de tener clara la distribución, o comprar materiales antes de definir el aislamiento. El formato de servicio no es un trámite administrativo; es la herramienta que determina quién responde por cada decisión. Elegirlo bien, al principio, evita la mayoría de los conflictos que luego aparecen a mitad de obra.

Si no sabes cuál de los tres encaja con tu caso, cuéntanos brevemente qué quieres reformar y en qué plazo. Con esa información te orientamos sin compromiso hacia el formato que mejor se ajusta a tu situación.

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